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  • Bethany Naylor

Imperdonable (ESP)

This piece was originally published in English by Simone Revista/ Revue/ Journal, a trilingual feminist journal. I was asked to provide a Spanish translation, which will be published on Academia.org in the coming weeks. It was my first time translating my own work, and my first time translating a literary text from English into Spanish. I hope you all enjoy it.



Todavía no hablamos con la frecuencia que me gustaría, hoy en día apenas nos tocamos. La intimidad física es difícil y en el mejor de los casos, cualquier sentimiento de pasión mutua entre nosotros parece fugaz. Comprendo. Es difícil, pero lo entiendo. Aunque hay quien dice que el tiempo lo cura todo, sé que la agonía que te hice padecer durante tantos años fue imperdonable.


Cuando pienso en las duras palabras que pronuncié, en mis acciones despiadadas, en el descuido que sufriste en mis manos... no siento más que vergüenza y arrepentimiento. Sí, quizá no sólo fue culpa mía, podría decir que hubo circunstancias ajenas, pero siempre las hay. Podría incluso intentar aducir una locura momentánea, pero ¿qué sentido tendría? Sé en mi alma que las cosas que hice fueron imperdonables.


Te hice daño, abusé de ti, en cierto sentido te utilicé, incluso. Por todo aquello, lo siento. Lo siento por las innumerables ocasiones en las que no presté atención a tus deseos. Me disculpo por las numerosas veces que te obligué a vivir situaciones desagradables, aun cuando me decías que te sentías inseguro y yo sabía en el interior, lo incómodo que estabas. Siento haber ignorado tu instinto. Tu sabiduría interior siempre fue mucho mayor que la mía. Fue imperdonable.


¿Por qué no hablamos más? Estoy segura de que a los dos nos gustaría hacerlo. Anoche, extendí la mano como para tocarte, para abrazarte, para servirte de consuelo. Sentí que temblabas, así que me aparté. Aún no estamos preparados para eso. Sin embargo, al alejarme, te acercaste a mí e incluso en la oscuridad, me pareció sentir tu sonrisa. Me dio un atisbo de esperanza, quizá no fue realmente imperdonable.


Hoy compré helado para los dos, y lo comimos juntos en las rocas, viendo pasar las olas y escuchando risas de niños. Te pregunté si recordabas cuando éramos tan jóvenes, que nada importaba, si recordabas cómo jugábamos y bailábamos y corríamos y escalábamos y cantábamos y gritábamos y nos reíamos. Un parpadeo en la comisura de tu boca me confirmó que recordabas y, por un momento, estuve a punto de permitirme sonreír también. Pero empezaste a preguntarme por qué habían ido mal las cosas, por qué había empezado a odiarte tanto. Se me escapó una lágrima, solitaria, no pude contenerla. Tus preguntas me golpearon, eran las mismas que las mías. ¿Por qué todo cambió? ¿De dónde surgió ese odio? ¿Fue, después de todo, imperdonable?


Ambos sabemos que esto lleva demasiado tiempo así. Años y juventud perdida, ira y culpa fuera de lugar. Pero estamos trabajando en ello, ¿cierto? Te cuido, te escucho y te apoyo. Te doy alimento y amor, pero sobre todo paciencia. Tu piel se ha revitalizado y tus músculos están más fuertes, el cambio es claro como el agua y estoy muy orgullosa. Ahora te aprecio, se acabaron los juicios crueles y las diatribas en lágrimas. Te protejo, te vigilo, te escucho, te mantengo a salvo de gente extraña y por fin he aprendido cuáles son tus límites. Ha sido difícil, pero ha valido la pena. Veo la vida con otros ojos ahora que he aprendido cómo es quererte.


A cambio, tú me apoyas. Me permites bailar, correr, andar en bicicleta, escalar y viajar. Me das el poder de crear nueva vida y fuerza para apreciar la que tengo. Hemos visto montañas y valles, mares y ciudades, aeropuertos y fronteras. Cuando me dices que estás cansado, te llevo a casa y descansamos juntos, lo haremos siempre. Empezamos a confiar de nuevo el uno en el otro. Sé que será un largo viaje, pero sé también que voy por el camino correcto, porque ahora me siento en paz conmigo misma.

Las cosas que le hice a mi cuerpo, quizá fueron imperdonables. Pero me encanta lo que somos, quiero darle a esto una segunda oportunidad. Creo en el perdón. Quiero perdonarme.


Una disculpa a la nave que me lleva.



Escrito por Bethany Naylor

Traducido por Bethany Naylor con la ayuda imprescindible de su amiga, Susana Molina Sedgwick




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